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24 de septiembre de 2018

Necesidad de cambio

En los últimos días de nuestro periodo vacacional, muchos de nosotros, nos encontramos inmersos en un mar de emociones, por un lado cierta ansiedad, melancolía y/o preocupación y por otro lado bienestar y optimismo. Nos disponemos a retomar nuestro espacio y envolvernos en esa sensación que nos hace ir pasando los días llamada monotonía.

Cuando reanudamos nuestros quehaceres, nos planean ciertas ganas de cambiar aspectos de nuestro día a día, empezando por nuestro entorno. Comenzamos por cambiar los cojines de nuestro sofá o incluso vamos al salón de belleza para modificar nuestro peinado. Nos afloran las ganas de cambio, dejar atrás el año de trabajo y de tareas que llevamos hasta la llegada de nuestras vacaciones y empezar de nuevo, con ideas frescas, fuerzas renovadas dejando atrás la estación que termina.

Esta sensación de renovación, implica un cierto orden de ideas en nuestro interior. Sopesar como queremos seguir paseando por nuestra vida, es necesario sentarse y mirar por la ventana, pensar, decidir, esforzarse por ser como queramos ser.

Sin duda esta es una época en la que se nos genera más necesidad de realizar objetivos junto con la del inicio de un nuevo año. En mi caso cuento los años de septiembre a septiembre, cuando regreso de las vacaciones, y me encuentro con personas que también enmarcan sus años así. Después del descanso de aquello más rutinario nos sentimos con la necesidad de sentirnos mejorados. 

Es momento de actuar, de pensar en nuestros objetivos no cumplidos, de decidir qué hacer con ellos. Nos podemos preguntar ¿Mi objetivo es realizable? ¿Quién se beneficiará? ¿Me apoya mi entorno? Estas y muchas otras preguntas, pensadas para poder concretar nuestro sueño u objetivo, nos las hará un buen Coach. Este nos acompañará a desgranar nuestro objetivo, mirándolo desde distintos prismas, y así decidir qué es lo que queremos.

Observaremos si nuestro objetivo es realista, qué valor le damos, cómo nos sentiremos al realizarlo, qué recursos necesitamos para alcanzarlo. Los Coaches estamos entrenados para realizar preguntas reflexivas que cambiarán el concepto de aquellos objetivos todavía no desempeñados, y cambiarán a la persona que decida empezar un proceso de transformación y conocimiento interior. 



12 de septiembre de 2018

Consciencia de cambio

Durante una sesión de Coaching Profesional, ocurre algo maravilloso. Se produce una transformación de cómo me percibo al cómo soy. Nos encontramos ante una oportunidad de conocimiento personal en la cual el Coach nos irá acompañando.

Antes de empezar un proceso de Coaching, el coachee(1) deberá tomar consciencia de que experimentará un cambio durante la primera sesión dejando de ser el mismo que era. Puesto que su interior se removerá, aparecerán aspectos de su personalidad escondidos, consciente o inconscientemente, recordará cualidades suyas agradables o desagradables. Se verá reflejado y se observará en toda su magnitud, conociendo aspectos de su personalidad.


No solamente aparecerán características de su persona, sino también de la relación con su entornoEn cada sesión se trabajan aspectos emocionales dónde el propio coachee(1) tomará consciencia de cómo actúa en determinadas situaciones. Entre otras, cómo se sitúa al mantener una conversación; como un igual, como un inferior o como un superior. Irá transitando por un camino interior de emociones diversas que le harán, crecer, decidir,
aceptar y/o cambiar.

En todo proceso hay un objetivo no realizado que se quiere alcanzar. Para ello el coachee(1) deberá establecer un cambio y éste empezará al descubrirse, y tomar consciencia de que realmente ese objetivo es lo que desea.

La clave para beneficiarnos de una sesión de Coaching profesional radica en ser nosotros mismos, dejarnos llevar por nuestro instinto, sin frenos ni prejuicios y fluir. Permitir vernos y aceptar lo que experimentamos.

Una vez realizado este ejercicio podremos tomar consciencia de lo que queremos que continúe en nosotros y de lo que queremos cambiar y mejorar.


(1) Persona que recibe el proceso de coaching.

16 de julio de 2018

Cerrar sesión




En la época de verano es cuando se acostumbra a tener un período de descanso, las vacaciones. Es el momento en el que la rutina se modifica, y también nosotros notamos cambios en nuestra persona. Tenemos horarios distintos a los del resto del año, comemos a un ritmo diferente, pasamos ratos en los que hacemos cosas que nos gustan y le sacamos el polvo a la lista de tareas por hacer "cuando tenga tiempo".

Es en esta época del año, donde podemos empezar a pensar en nosotros mismos, escuchando nuestro cuerpo y nuestra alma. ¿Cómo me siento al final del día? ¿Qué pensamientos se acumulan en mi cabeza durante mi jornada laboral? ¿Cómo me siento? ¿En qué medida cambiaría algo de mí o de mi entorno? Si no nos sentimos conformes con al menos una de las respuestas a estas preguntas, necesitamos hacernos más caso. Necesitamos realizar un autocuidado.

Este concepto va ligado a la salud y al bienestar propio, sin complejos, sin remordimientos, sin culpa. Debemos querernos y encontrar nuestros oasis donde nos sintamos contentos, realizados, auténticos y vivos.

Como en todas las acciones que queramos realizar, debemos buscar un compromiso, esta vez con nosotros mismos, para lograr realizar este objetivo. En unas personas será diario, en otras semanal o hasta mensual. Lo importante es comprometerse y llevar a cabo nuestro autocuidado de manera medible y realizable, es decir, dentro de nuestras posiblilidades y nuestra realidad.

Entre otros, ahí va un ejemplo de autocuidado que realizo siempre que tengo ocasión y que me generan gran sensación de libertad y de sentirme viva.

Dar abrazos: cada día doy abrazos. Lo hago con las personas que me llenan el alma. Hago hincapié en el hecho de “dar” porque los doy yo, excepto mis hijos que me los dan, soy yo la que busco darlos.
Las sensaciones que siento con los abrazos son variadas, me iluminan el corazón, me recargan de energía, me transforman, me hacen sentir al otro/a. Me dan Paz. Lo realizo porque tengo necesidad de hacerlo, porque me gusta, porque se renueva la energía.

Conducir sola: la sensación es de control, de dominio, de ser yo, de cantar, de disfrutar. Me gusta mi personalidad frente al volante, no soy inferior a nadie. La realizo porque mi ego se fortalece. Respeto ante todo las normas, pero nadie me pisa, sea quien sea.

Mirar el cielo de noche sola o acompañada: cada noche. Si estoy sola contemplo la inmensidad del cielo y me siento bien. Si estoy acompañada hablamos de las estrellas que quizá ya estén apagadas, pero cuya luz todavía vemos…
La sensación es de paz, de tener claro lo que somos, de ser consciente de la grandeza del cosmos y de lo pequeños que somos. Me ayuda a relativizar los problemas. La realizo porque no quiero perder esta sensación de respeto por el mundo, la naturaleza, y el regalo de estar vivos y vivir donde vivimos.

Es importante decidir lo que cada uno desea hacer para su autocuidado, no en vano es nuestro y sólo nuestro. 
Os invito a empezar en este periodo vacacional a realizarlo, si todavía no lo hacéis o a aumentarlo si no estáis satisfechos con las preguntas que leímos anteriormente. Se creará un hábito, en el que no solamente nosotros notaremos cambios, sino que nuestro entorno también agradecerá. Nos volveremos más pacientes y más vitales, aceptaremos la rutina con serenidad y los días serán menos oscuros, porque sabremos que tenemos nuestro momento a la vuelta de la esquina, que lo disfrutaremos con consciencia y que nos transformaremos en nuestra mejor versión. 

Todos necesitamos cuidarnos y mimarnos, para ser felices y vivir en plenitud nuestro momento, nuestro día, en definitiva, nuestra vida.


2 de julio de 2018

Cómo estar presente en una conversación

Cuando mantenemos una conversación ésta puede ser superficial, profunda, ligera, breve o extensa. Dependerá de muchos factores, como el énfasis o importancia que le damos a nuestro interlocutor, nuestro estado de ánimo o nuestras habilidades sociales, entre otras.

Una característica que las define responde a que compartimos información, y es en cómo la recibimos donde radica el éxito del entendimiento. La optimización de una conversación, hablar y atender con consciencia.

¿Cómo podemos practicar la escucha activa cuando nos encontramos en una conversación? ¿Cómo podemos extraer la máxima información de lo que nos están contando? ¿Cómo podemos demostrar que estamos escuchando?

Vamos a recorrer varios pasos que llevándolos a cabo os ayudarán a aumentar la calidad de vuestras conversaciones.

Es interesante puntualizar que cualquier profesional de la Psicología o de la metodología del Coach profesional tendrá interiorizadas estas estrategias. En este artículo se pretende describirlas para que todos podáis, en cierta medida, realizarlas y así obtener una conversación más consistente.

Observar y escuchar. Aunque nos parezca obvio es interesante tener presente que se nos está transmitiendo información, que es importante para nuestro interlocutor y debemos prestarle atención. Esta información nos llega de forma verbal, con cada palabra y expresión y de forma no verbal, con cada movimiento, mirada y expresión facial. Si tenemos en cuenta estos aspectos, descubriremos más información sobre aquello que nos están contando. Apreciando cuándo se da más peso en su discurso y cuándo éste es más superficial.

Atender lo que dice. Debemos crear un compromiso interno de escucha. Es evidente que debemos entender lo que se nos explica, desde un punto de vista, significativo, pero es también básico atender, tener predisposición para escuchar lo que nos explican. Dejar a un lado los ruidos externos y los ladrones de atención. No es tarea fácil, pero sí es posible. 

Preguntar sobre cualquier cambio. Es posible que este punto sea el más evidente para nuestro interlocutor. Si ocurre un cambio en su discurso o idea a exponer y le preguntamos sobre ello, automáticamente se dará cuenta de que estamos allí, escuchando, atendiendo, sin nada más en nuestra mente. Estaremos por él, y me consta que es una agradable sensación que engrandece a quien está hablando. Sólamente necesitamos escuchar con consciencia.

Acompañar dimensiones. Nuestro interlocutor ve el mundo desde su punto de vista, al igual que nosotros lo vemos desde el nuestro. Pero si hacemos el ejercicio de entender su visión, desde su dimensión particular, es posible que entendamos mejor su discurso y visionemos nuevas perspectivas. Y sin duda estaremos compartiendo una conversación provechosa.

Pensar en el aquí y el ahora. Debemos apreciar el momento en el que estamos. Si decidimos mantener una conversación de forma voluntaria, debemos disfrutarlo, estando presentes en todo momento, sin distracciones ni contaminación.

Anular diálogo interno. Uno de los pasos más difíciles de conseguir. Aunque con constancia y predisposición es posible llevarlo a cabo.
Cuando escuchamos en una conversación determinadas situaciones, ideas u opiniones, es muy usual que empecemos a pensar o a intervenir con nuestra opinión. No sólo no estamos escuchando sino que entorpecemos el discurso de nuestro interlocutor. Siempre habrá un momento en la conversación para dar nuestro punto de vista.

Podemos empezar a familiarizarnos con estos diferentes puntos para ser más conscientes de lo que estamos haciendo. Empezando con alguno que nos resulte más factible en nuestro día a día. 
Es posible que nuestras conversaciones, a partir de integrar alguna de estas marcas, sea más fructífera y nuestros compañeros de conversación lo aprecien. Engrandeceremos nuestras vidas y acompañaremos a los demás a sentirse bien.

Toda esta teoría puede verse mermada en cualquier conversación donde nos apriete el tiempo o existan varias interrupciones. Simplemente podemos fijar un día para mantener esa conversación con más calma y presencia.

Desde el Coaching profesional, es indispensable la escucha activa en sus sesiones. Junto a otras competencias, ésta debe realizarse en toda su extensión, puesto que es aquí donde recibimos toda la información para poder trabajar. 






20 de junio de 2018

¿Qué esperar de una sesión de Coaching?

El Coaching es una relación profesional cada vez más expandida en todo el mundo. Una gran característica, por su importancia, es que genera un cambio, un futuro diferente en el coachee(1) o cliente.

Cuando una persona decide dirigirse a un coach debería saber, en primer lugar, si realmente lo necesita. Para ello es interesante plantearse que si necesitamos hablar sobre un problema que nos atormenta o queremos recibir pautas o consejos sobre cómo cambiar una conducta, nunca debemos buscar un coach.

Cuando tenemos una vida donde nos sentimos bien, disponemos de unos pilares en cierta medida sólidos, pero queremos mejorar algún aspecto de nuestra existencia para obtener un cambio y no encontramos las herramientas para poder realizarlo, nos encontramos en el momento oportuno para contactar con un coach.

Es altamente recomendable elegir un profesional certificado que ofrezca una garantía en cuanto a experiencia.


Tras una reunión donde se realizan todas las formalidades sobre el proceso de coaching, empieza la primera sesión.
El cliente se encuentra con que el profesional le pedirá que verbalice su objetivo. A partir de esta pregunta irá transcurriendo la sesión donde el cliente irá contestando y tomando consciencia de aquello que desea llevar a cabo.

Nunca se tratará el pasado, sólamente se desarrollará el presente y el futuro. Si eso sucede y el coachee hace referencia al pasado, el coach activará sus competencias para devolverlo al presente trayendo algún aprendizaje de esa situación lejana.

A lo largo de la sesión, el coachee irá tomando consciencia de cada palabra y expresión, de su valor y de su significado. Se dará cuenta de si el objetivo es real y posible o si éste cambia de importancia y pasa a ser otro.

Todo este proceso creativo de cambio se realizará a través de la habilidad del coach, donde exclusivamente realizará preguntas a su interlocutor. Preguntas poderosas que invitarán a la reflexión del cliente.

El coachee durante la sesión se encontrará en un proceso de metamorfosis, donde conocerá aspectos nuevos de su personalidad y de su forma de relacionarse con su entorno. Este cambio puede generar reacciones de distinto tipo, puesto que, en algunos casos, supone un golpe de realidad donde el cliente se coloca fuera de su zona de confort.

En una sesión se respetará al coachee en todo momento. Al ser un proceso no directivo, el cliente podrá cambiar de tema, oponerse a contestar una pregunta o incluso suspender la sesión y/o el proceso de coaching.

Nos encontraremos con un profesional que desarrolla la escucha activa, que aprovechará cada expresión y cada movimiento para poder maximizar el potencial personal de cada uno de sus clientes.

El coach acompaña al coachee hacia un camino nuevo y personal. Al acabar la sesión la persona siente que observa un mundo distinto al que dejó cuando comenzó el proceso. 

Es muy recomendable probar al menos una sesión de coaching para sentir el desarrollo personal y de toma de consciencia que se produce en nuestro interior, llenando nuestras vidas y conduciéndolas hacia la plenitud.






(1) Persona que recibe el proceso de coaching.







8 de junio de 2018

El miedo

¿Qué es el miedo?


Cuando hablamos de emociones tarde o temprano aparece el miedo. Esta es una emoción con la que nacemos, de hecho, es la primera emoción que experimentamos.

Junto con la tristeza y la ira forman un triángulo de emociones negativas, es decir, que provocan ausencia de bienestar. Su principal característica es que nos vienen dadas nada más nacer, están en nuestro ADN, así pues debemos aprender a regularlas.

Volviendo al miedo, ¿Qué nos aporta esta emoción en nuestras vidas? Es por muchos sabida la teoría de que gracias al miedo el ser humano ha llegado hasta nuestros días, que provenimos de los más miedosos y cautelosos, pero ¿podemos diferenciar el miedo? ¿Hay un miedo bueno y un miedo malo?

Una definición aceptable es que el miedo es una respuesta a un peligro real e inminente, que pone en riesgo nuestra integridad física. Este tipo de miedo debemos evitarlo lo máximo posible, siempre y cuando dependa de nosotros. También existe el miedo que aparece en nuestra imaginación? " ¿y si pierdo mi trabajo?" "¿y si no me aceptan?" en estos casos actuamos condicionados por un pensamiento y no por una realidad, no damos opción ni a que ocurra, y este hecho nos genera ansiedad.
La ansiedad es el producto de un miedo imaginario que debemos afrontar, puesto que reside solamente en nuestra mente y que podemos estar contagiando o enseñando a nuestro entorno.

Gracias al Coaching Profesional, encontramos las herramientas específicas para poder desmontar tanto al miedo como a la ansiedad. Desgranando a través del lenguaje cada sensación, cada acto y tomando consciencia de lo que esconde cada una de estas emociones en nosotros.

Verbalizar lo que sentimos y compartirlo con un profesional, nos ayuda a tomar cierta distancia. Pudiendo, visualizar desde otras perspectivas el núcleo generador de esa emoción. Es el propio individuo el que tiene la llave para abrir la puerta correcta y los profesionales podemos acompañar y mostrar cuales son las herramientas más apropiadas en cada proceso y persona.